b) Vida e inquietudes

Francisco J. Múgica

Francisco J. Múgica

Escribir la vida. Los apuntes del general Francisco J. Múgica.

Anna Ribera Carbó.- Quisiera agradecer al Congreso del estado de Morelos la invitación a este homenaje al general Francisco J. Múgica.

El 7 de Julio de 1945 Francisco Múgica escribió una carta a su nieta Blanca Ester, que residía entonces en Tegucigalpa, desde La Paz Baja California, donde ocupaba el cargo del gobernador del Territorio Sur. Le pedía a su querida chiquitilla le pusiera fechas a sus cartas como referencia para la historia, porque, decía, nuestras cartas son historia, una historia importante porque va revelando inclusive a nosotros mismos, nuestras facultades y vida interior en cierta época de nuestra vida.

Múgica creyó esto y lo ejerció: el documento, el apunte, la carta, tuvieron siempre para el valor de testimonios para la historia la individual y la colectiva, ambas vividas de manera intensa y apasionada. Fue por ello que tuvo la tentación de escribir diarios, notas, reflexiones mientras participaba en la historia mexicana desde cerca y activamente, viviendo momentos cruciales de la Revolución y de la reorganización del país, participando en ellos en algunas ocasiones como entusiasta colaborador, en otras como protagonista, a veces como critico serio y agudo y en determinadas circunstancias como opositor perseguido. No fue Múgica un escritor constante y disciplinado. Escribió apuntes solamente en algunos momentos de su vida y parece ser que fue en aquellos de mayor fervor y juvenil entusiasmo revolucionarios o bien en los de menor actividad y relativa calma.

Los temas sobre los que escribió varían de una de sus libretas a otra inclusive dentro de unos mismos apuntes, los grandes acontecimientos políticos y sociales los amores y los paisajes, los pensamientos íntimos, los personajes públicos, la vocación nacionalista y revolucionaria son aspectos que aparecen en sus escritos; los diarios, apuntes y notas no son homogéneos. Los hay muy ordenados y los hay que son meras ideas, reflexiones repentinas que interesaron a Múgica quien se apresuro a consignarlas de manera desordenada e informal en una libreta o en unas hojas sueltas. Por ello su prosa no es tampoco constante. En algunas ocasiones sus textos son escuetos y sencillos partes militares de las acciones en que participaba. En otras dar riendas sueltas a sus afanes literarios y hace uso de un lenguaje más rebuscado. Como en el caso de sus textos de amor. Pero finalmente el valor de sus apuntes no radica en su mayor o menor calidad literaria. Nunca pretendió hacer literatura más que en algunas temporadas en que le dio por escribir poesía. Su gran valor es, esencialmente testimonial e histórico. Al escribir sus primeros apuntes personales Múgica tenía muy claro que estos lo hacían para que más tarde sirvan de algo en la historia del actual momento en el que atraviesa México. Años después cuando dejaba constancia de la campaña constitucionalista en 1913, diría a su mujer “para ti cielo mío que eres ahora tan buena y tan amorosa, consagro estos recuerdos de mi vida en campaña y en mis luchas por el por venir”. En otras ocasiones no tuvo tal certidumbre de destinatario o del objeto de sus reflexiones. En las Islas Marías se preguntaba a dos pasos de unas olas tronantes, “¿para quién pienso, para qué escribo?, que se yo, pero en toda inquietud hay una incógnita que surge inesperada y se adueña de todo hasta del reposo y la respiración “. Aunque aparentemente no supiera para quien escribía, tenía en realidad conciencia de la trascendencia que podía tener su testimonio.

La inquietud primordial de Múgica fue el país. La realidad de México se le imponía y lo lastimaba, lo obligaba a escribir y actuar en todos los terrenos, desde el armado hasta el legislativo pasando por la privada y solitaria confesión en una libreta. Pero además se entusiasmaba con el mundo en que vivía, desde la literatura hasta los pasajes, desde la organización productiva en una finca azucarera hasta la historia clásica y las guerras médicas, pasando por las mujeres y los amores que fueron motivo de su asombro y su reflexión o por lo menos de su testimonio escueto en un papel.

Sus primeros escritos fueron como corresponsal de Regeneración en Michoacán a partir de 1906 o 1907, involucrándose pronto en las labores de periodista y tipógrafo, redactor y distribuidor de numerosos periódicos locales, como El Rayo, El Faro, La Voz y Prensa Libre. En Zamora y en compañía de su padre, fundó en 1909, El Demócrata Zamorano y poco después publico el último que dirigió en provincia: en 1910, que apareció los domingos de julio y agosto de ese año. La orientación de estos periódicos era ya claro indicio de lo que haría Múgica a principios de 1911: incorporándose a las fuerzas del maderismo, cuya Junta Revolucionaria tenía entonces su sede en San Antonio Texas.

Fue en esa época, entre marzo y abril de 1911, cuando Múgica escribió su primer diario consignando las experiencias vividas durante el movimiento revolucionario y sus ideas al respecto. En este diario Múgica, nacido en Tinguindin en 1884, narra su llegada a San Antonio, como representante de la Junta Revolucionaria de Zamora para obtener recursos y medios para iniciar la insurrección en su estado. Los recursos nunca le fueron asignados y fue ocupándose entre tanto de otros asuntos, como la publicación del periódico revolucionario México Nuevo, donde su experiencia en periódicos de oposición en Michoacán fue aprovechada por Arturo Lazo de la Vega responsable de la publicación.

Francisco Múgica se dedico a observar lo que sucedía frente a sus ojos y a dejar opiniones en su libreta. La descripción de los personajes, de las diversiones esporádicas, de los manejos monetarios, de las negociaciones políticas, de los sentimientos patrióticos, constituyen los elementos de la reflexión que en torno a los acontecimientos iba siendo día a día el joven revolucionario michoacano.

Tras del golpe de Estado huertista en contra del gobierno de Francisco I Madero, Múgica, que había presenciado los días de la “Desena Trágica” en la capital, se traslado de inmediato del estado de Coahuila en donde ya había estado trabajando en la administración del gobernador Venustiano Carranza. Se incorporo a la brigada del teniente coronel lucio Blanco como secretario para luchar por la causa constitucionalista. Durante cuatro meses, del 18 de marzo al 16 de julio de 1913 escribió cada día la crónica de lo acontecido. La descripción de los pueblos, ranchos y haciendas por las que pasaron los revolucionarios en su ruta de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, sirve de escenario para la narración de las acciones de guerra: el asalto a Saltillo y los numerosos combates, avanzadas, batallas, emboscadas, ataques. Múgica va explicando las reaccione de la población, a veces entusiasta, a veces recelosa y huidiza y la terrible realidad de los heridos y los muertos de la quema de casas y de las ejecuciones de los prisioneros. También reseña la manera en que se obtenían los recursos y las relaciones con los Estados Unidos, haciendo un retrato de los personajes que lo rodeaban. Junto a este puntual testimonio de la guerra Francisco J. Múgica deja también muestra de su sentimiento mas intimo, el amor por su querida Blanca. Se había casado en enero de ese año. Ella era de Zamora y se llamaba Ángela Alcaráz pero él la llamo siempre Blanca, mi Blanca. El recuerdo de su compañera no abandono a lo largo de su cruel lucha al ya para entonces mayor del Ejército Constitucionalista y jefe del Estado Mayor del general Lucio Blanco.

Dentro del constitucionalismo Múgica ocupó diversos cargos. Fue administrador de las aduanas de Tampico y Veracruz y gobernador y comandante militar del estado de Tabasco hasta inicio su campaña política para ser diputado en el Congreso Constituyente, en el que fue presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, impulsando muchas de las leyes que definieron la Constitución de 1917 y lo definieron a él políticamente por el resto de su vida. Y después se lanzo por la gubernatura de su estado, fracasando en 1917, pero alcanzando el triunfo de 1920. El ejercicio del cargo no le fue nada fácil, sus políticas y posesiones en cuestiones agrarias se enfrentaron a las más moderadas de Álvaro Obregón. Su situación se hizo insostenible al grado que se vio obligado a pedir licencia por un año. Al cabo de ese tiempo y al intentar recuperar su puesto fue acusado de usurpación de funciones. La persecución del presidente, le obligo a permanecer en la clandestinidad hasta que termino el cuatrienio. En esta época no escribió más que notas sueltas en una libreta, frases que hacen referencia a la revolución y apuntes de cosas que Múgica deseaba recordar por alguna íntima razón.

Una vez iniciada la presidencia de Plutarco Elías Calles pudo abandonar la clandestinidad. Trabajo entonces en un despacho con su amigo y compañero de los tiempos de lucha constitucionalista Luis Cabrera. Los negocios lo trasladaron a Veracruz, a la Huasteca a resolver asuntos relacionados con las concesiones petroleras. En unas hojas sueltas sin numerar, Múgica describió Tampico y sus campos petroleros, describió la estepa potosina y comento sobre el jefe de operaciones militares de la zona, el joven general Lázaro Cárdenas, paisano y a partir de entonces entrañable amigo suyo y escribió sobre el conflicto entre los dos sindicatos que agrupaban a los obreros de la Huasteca Petroleum Company, en mayo de 1925.

Su estancia en la región se prolongó durante varios años y le fue sumamente propicia para escribir entre 1925 y 1928 escribió en hojas, en libretas más ordenadas y diarios formales sus reflexiones sobre las más diversas cosas y los temas más variados. Pero un asunto se imponía y sobresalía: el petróleo. Telón de fondo, escenario y contorno de la vida huasteca, aparece como la preocupación central, como el tema recurrente a lo largo de las páginas escritas en esos años. De todos modos otras inquietudes también conducían su pluma: los pasajes veracruzanos, el ganado, las plantaciones, la arquitectura así como los arboles, las mariposas, las hormigas invasoras, las palmeras y hasta la brisa, los amores profundos y desesperados, los viajes por la tierra y aire, las fiestas populares, los huapangos y el mar y por supuesto los vaivenes de la política mexicana, sobre todo los que sucedían mas cerca como la rebelión de Arnulfo R. Gómez, llenaron sus páginas de entonces.

En 1928 Múgica se reincorporó al servicio público como Director del penal de Islas Marías Permaneció ahí cerca de cinco años en que vivió alejado de los tejemanejes del poder pero atento al acontecer nacional. Esta lejanía y el aislamiento que imponían los que José Revueltas, llamó “muros de agua” parecerían propicios para la creación de textos personales, la escritura de pensamientos e ideas, la confesión. No lo fueron. A su llegada al penal, escribió algunos párrafos, promesas incumplidas de textos posteriores. El mismo escribió “hay aquí un hueco enorme que lleno con actividades en el trabajo”.

El trabajo, efectivamente, lo llenó por completo. Los afanes para mejorar las condiciones de la cárcel Isleña le ocuparon todo el tiempo. El mejoramiento de los reos mediante el trabajo y la escuela, fueron su objetivo primordial. No nos dejo entonces las que hubieran podido ser ricas descripciones sobre la vida cotidiana sobre el quehacer en las Islas, sobre la difícil labor de redentor que se asignó, con tan esporádicos y en general poco halagüeños resultados, debido a las condiciones de lejanía, abandono y olvido del lugar. Sólo algunos acontecimientos o sentires que lo sacaban de la monotonía y crudeza del trabajo diario como el combate a los grupos cristeros de Sinaloa, la rebelión de Gonzalo Escobar, el traslado de la madre Conchita a su Isla y, como siempre, los amores, le hicieron escribir.

Dejo las islas en 1933. El Presidente Abelardo Rodríguez nombró a Lázaro Cárdenas Secretario de Guerra Y Marina y este invito a Múgica a ocupar el recién creado servicio de Intendencia y Administración Militar. Múgica aceptó integrándose de nuevo al servicio activo del ejército. En este puesto permaneció solo unos cuantos meses. El 6 de diciembre la Convención del Partido Nacional Revolucionario, eligió como candidato a la presidencia de la República, para el sexenio 1934-1940, a Lázaro Cárdenas. Durante la campaña presidencial Múgica fue nombrado comandante de las 30 Zona Militar con residencia en Mérida. Fue allí, en la península de Yucatán, donde escribió sus últimos apuntes que trataron sobre cuestiones agrícolas en las haciendas chicleras y henequeneras y contuvieron algunas reflexiones en torno al leninismo y el trotskismo, el marxismo y el anarquismo. Hasta donde sabemos no volvió a escribir apuntes personales. Los últimos son estos, previos a su presencia en los más altos cargos que ocupó en el servicio público en el gabinete presidencial durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Primero como Secretario de Economía Nacional y tras la crisis de gabinete en abril de 1935, como Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Francisco José Múgica se sumó de buen grado a la política emprendida por el Presidente Cárdenas que tuvo como punta de partida, como guía y norma la Constitución de 1917. Estaba convencido de su viabilidad de sus posibilidades y por ello desde las secretarías a su cargo, pero además en todas las grandes acciones del gobierno participó de manera entusiasta llevando a la práctica lo que había planeado y diseñado en la teoría como diputado constituyente.

Para el Estado debía ser promotor del bienestar material y moral de la nación, así como el garante de la soberanía y para ello era necesaria e indispensable la traducción del texto constitucional en acciones del gobierno. En los escasos seis meses en que se hizo cargo de la Secretaría de la Economía Nacional trabajó para sentar las bases que permitieron lograr la recuperación del control mexicano sobre los recursos naturales de su territorio y nacionalizar las industrias básicas, los servicios públicos y el crédito. Al frente de la Secretaría de Comunicaciones y con limitados recursos impulsó una política vigorosa de construcción: caminos, presas, escuelas, ferrocarriles que dotaran al país de una infraestructura que permitiera su desarrollo. Múgica se involucró pronto con todos los demás proyectos del cardenismo. Cuando muchos años antes militaba bajo las órdenes de Lucio Blanco en el Ejército Constitucionalista, había procedido ya en la hacienda “Los Borregos”, propiedad de Félix Díaz, a repartir las tierras entre los campesinos. Como gobernador preconstitucional de Tabasco resolvió el ancestral problema de las tierras de la finca “El Chinal”. Luego, en su accidentado gobierno michoacano entre 1920 y 1922 procuró fraccionar y partir tierras. Estas acciones que le costaron enfrentarse con Venustiano Carranza primero y con Álvaro Obregón después, ahora se realizaba a gran escala y con el impulso del propio presidente de la República. Sus viejas preocupaciones agrarias encontraban respuestas.

En 1938 y conforme a la letra del artículo 27 el presidente Lázaro Cárdenas decidió expropiar el petróleo entonces en manos de concesionarios tras meses de conflictos de estos con sus trabajadores y encomendó al General Múgica la redacción de un manifiesto a la nación que leyó el 18 de marzo y que fue trasmitido por radio a todo el país. Cárdenas tenía presente su común experiencia en la Huasteca veracruzana donde vieron de cerca los problemas petroleros y sabía de la afinidad ideológica que los unía desde tanto tiempo atrás y por ello le confío tan importante tarea. Fue el acto de la expropiación la culminación de los viejos anhelos del General Francisco J. Múgica y el momento álgido de su vida revolucionaria. Por fin el país consolidaba su soberanía, recuperaba el control de sus recursos y podía pensar en emplearlos en beneficio propio. En 1917 la Constitución había sido un documento excepcional en el ámbito de las constituciones burguesas. Su originalidad radico en supeditar los intereses particulares al interés colectivo. Al colocar el dominio de los bienes del suelo y el subsuelo, aguas interiores y el mar territorial en manos de la nación, al poner límite en la propiedad rural para lograr una distribución más justa de la tierra, al garantizar una educación laica y gratuita para los estudiantes del país y al reglamentar las condiciones de trabajo se había dado estatuto legal a las demandas populares. Tras un largo impasse de casi veinte años en que estos principios se aplicaran de manera muy limitada todos ellos se llevaban a la práctica. Quedaba mucho por delante pero la revolución era finalmente un hecho.

A finales de 1938 empezaron a aparecer las inquietudes de la sucesión presidencial. Muchas miradas cayeron sobre Francisco Múgica, el amigo, confidente, correligionario y paisano del presidente Cárdenas, el entusiasta promotor de sus políticas y conspicuo miembro del Congreso Constituyente de Querétaro. Pero el grueso de su partido, el Partido de la Revolución Mexicana, no apoyo su candidatura. Sólo unos cuantos elementos radicales del grupo en el poder, algunas organizaciones de mujeres y el Frente Nacional de Intelectuales de Izquierda dieron soporte a su campaña. La mayoría del partido, casi todos los diputados y senadores, las agrupaciones obreras y campesinas optaron por el general Manuel Ávila Camacho, el moderado y caballeroso Secretario de Guerra y Marina. Los vientos de México en el mundo, habían empezado a soplar en otra dirección. Las medidas del gobierno del general Cárdenas asustaron a un amplio sector de terratenientes e industriales, a la iglesia y a grupos importantes de la clase media que se opusieron a ellas y a su continuación por la vía de Francisco J. Múgica. Además de reducir inversiones y sacar capitales del país buscaron alternativas políticas. Los elementos más conservadores de la sociedad se organizaron en torno los generales Juan Andrew Almazán y Joaquín Amaro. La candidatura de Múgica, dispuesto a continuar y profundizar las líneas políticas del cardenalismo, fue resultando, sumamente radical. Se encontró entonces con una derecha movilizada y combativa y con partido cuyos sectores funcionaron de acuerdo a los intereses y directrices de sus dirigencias, las fuerzas que lo sostenían, fundamentalmente de la intelectualidad de izquierda, no resultaron suficientes para llevarlo a la presidencia.

Para colmo el carácter de Múgica no era el idóneo para un político. Su prisa por ver las trasformaciones que el país requería, el convencimiento en sus posiciones ideológicas, su intolerancia en algunos temas grandes y menudos, su franqueza para señalar desviaciones en la conducta de sus correligionarios, no fueron las mejores virtudes para granjearse simpatías políticas. El General Cárdenas cuya amistad y afinidad con Mujica fue siempre manifiesta y clara, se mostro sumamente cauteloso a la hora de sucesión. Discreto y prudente, no dejo que sus inclinaciones y simpatías personales tuvieran un papel decisivo en la elección del candidato, misma que dejo en las fuerzas políticas del partido.
Pero, además, el presidente tuvo visión del asenso y fortalecimiento de la derecha en México y en el mundo lo que seguramente lo convenció de que era necesario frenar el ritmo de los cambios revolucionarios y salvar lo alcanzado. El dramático ejemplo de la Republica Española, aniquilada por el fascismo era cercano y aleccionador. En México ello debía evitarse aunque fuera frenando la velocidad de las transformaciones que deseaba. Y el candidato fue entonces Ávila Camacho.

La etapa más radical de los gobiernos revolucionarios terminaba y con ella la propia carrera de Múgica que, si bien todavía ocupó el cargo de gobernador del territorio sur de la Baja California, en tiempos turbulentos y agitados por la segunda guerra mundial, se encontraba ya para entonces nadando a contracorriente y cada vez más en solitario en un país que moderaba sus políticas y su lenguaje. Mujica no escribiría más apuntes, diarios o notas, solamente unas desencantadas y desesperanzadas líneas dando cuenta de la pervivencia de los problemas agrarios, de la existencia de latifundios, de la pobreza del campo mexicano, del fortalecimiento de los grupos católicos y de la violación permanente de la Constitución por parte del poder público. Eran notas para discursos hechas ya iniciados los años cincuenta, teñidas por la amargura que le producía ver un sendero abandonado a medio andar.

La vida de Francisco J. Múgica desde su participación en los primeros clubes anti reeleccionistas en Michoacán había marchado al ritmo de los tiempos y movimientos políticos del país. Como joven provinciano, inquieto y radical, a pesar o tal vez debido a su educación en el Seminario de Zamora, encontró en las sencillas propuestas maderistas un cauce para sus afanes de transformación del país. Con la irrupción de amplios sectores populares que impidieron un carácter social a una lucha hasta entonces eminentemente política, las propuestas iniciales de reforma surgidas en el seno de los grupos dominantes, fueron radicalizándose lo mismo que muchos actores de la revolución como el propio Múgica. Su participación en el reparto de Los Borregos, su entusiasta acogida de la Ley Agraria del 6 de enero de 1915 y su inmediata aplicación en Tabasco y, desde luego, su actuación en el Congreso Constituyente, son un reflejo del paulatino ascenso de las demandas populares en la Revolución. Múgica, jefe del Estado mayor de Lucio Blanco, gobernador preconstitucional de Tabasco y diputado constituyente se erigió en vocero y promotor de estos cambios que amplios sectores exigían. Las luchas sociales en todo el mundo seguían esa ruta ascendente: el triunfo de la revolución bolchevique, las luchas de los espartaquistas en Alemania, el fortalecimiento del sindicalismo norteamericano la reorganización del socialismo francés, indicaban que la hora de la bella época del capitalismo estaba terminando y que nuevos actores aparecían en escena y proponía una nueva organización del mundo. En México Francisco Múgica represento esa línea de campo social siempre dentro de los límites de la democracia burguesa.

Cuando los gobiernos mexicanos pusieron freno a las políticas revolucionarias se vio no solo relegado sino incluso perseguido y marginado de los ámbitos de decisión política. La crisis de 1929 dio una nueva oportunidad a los proyectos que venían en el Estado un agente indispensable de gestión económica y social como el New Deal del presidente Roosevelt en los Estados Unidos y en plan sexenal, elaborado en México por el PRN para el sexenio 1934-1940. Apegado a los principios de la Constitución y en consonancia con tendencias mundiales. Lázaro Cárdenas se lanzo a reconstruir el país haciendo del Estado el motor y el agente de los cambios. Múgica formó parte de la aventura. Fue su última oportunidad. Después de gobierno de don Lázaro y siendo este Comandante General del Pacifico, enfrentó los intentos norteamericanos de ocupar suelo mexicano en el transcurso de la guerra mundial desde su gubernatura Baja California. Pero sus intereses, sus inquietudes, su proyecto de nación, habían dejado ya de caminar al ritmo de las tendencias dominantes en el país que se moderaba en sus políticas al tiempo que en el mundo la guerra fría sentaba sus reales. Múgica quedaba para siempre fuera de la jugada.

Los apuntes personales de Francisco J. Mujica, no son de esta última época sino del momento de ascenso de la revolución y paralelamente de ascenso de su propia carrera militar y política. La revolución maderista, la lucha en el ejército constitucionalista, la Huasteca veracruzana, fueron los ambientes y los lugares que le sirvieron de escuela de las ideas que marcarían definitivamente su actuación posterior. Las experiencias de esos tiempos así como las amistades, las relaciones, las lecturas de los años de juventud, determinaron su fe en que la revolución y sus leyes eran caminos transitados hacia un futuro más justo y mejor. Fue entonces, cuando confiaba en el porvenir y sus rutas le eran favorables, que se apuro a consignar sus experiencias en libretas o en hojas sueltas, hoy conservadas en el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana, Lázaro Cárdenas, A.C, con sede en Jiquilpan, Michoacán. Pueden, como escribió en su primer diario, servir para algo en la reconstrucción de la historia de México en esos años de renovados proyectos, de anhelos de generación de nuevas y mejores realidades. Los apuntes de Múgica, como los tantos otros autores, testigos de un país en transición, pueden ayudar a crear otras interpretaciones, a ver de otra manera, construir otra historia a partir de estas visiones subjetivas, dispersas, personales. Son testimonios de excepción, escritos en medio de una agitada vida revolucionaria que merecen ser leídos no solo con intereses sino con gozo.

Alguna vez le oí contar al historiador Antonio García de León que uno de sus informantes le había dicho, a propósito de la revolución, que no era lo mismo verla venir que mandarla traer. Francisco J. Múgica, fue de los que la mando traer y sus apuntes son de los tiempos en que andaba en ello Muchas Gracias.

Dip. Juan Ignacio Suárez Huape.- pienso que con la congruencia y la honestidad de hombres y mujeres como el general Múgica, éste hubiera sido otro país. Una anécdota alegre: cuando llegó Miguel Ángel Velasco, viejo comunista, a las Islas Marías se armó un jolgorio ahí, ya imaginaran a los viejos comunistas, allá con el general Múgica, pues era una fiesta. Carmen Merino, no me dejara mentir.

Un ciudadano.- yo quiero felicitar a los organizadores en primer lugar porque nos dan un banquete con esto. Ver como es muy actual Múgica, como hay cosas que son muy presentes y que vale la pena pues recuperar esta memoria histórica; quizás recuperar el compromiso para el mismo congreso, ante acusaciones tan graves como hizo el Presidente en este último informe que dice que los tres poderes han fallado en la impunidad. A mí me parece grave eso, me parece que los partidos que sientan que no han alentado la impunidad deberían hacer una protesta frente a esto, una respuesta como las de Múgica.

Lic. Carmen Merino.- yo solamente quiero decir que agradezco a todos los que nos han recordado al General Múgica, perdonen, pero estoy muy emocionada, porque me recuerdan tiempos muy pasados, y quiero recordar que soy de origen refugiada española y que el General Múgica hizo mucho por nosotros y porque llegáramos a México. Lo conocí personalmente, lo quiero, lo respeto y lo admiro. Creo que la situación de no haber podido llegar a la presidencia de la Republica fue muy clara, era guerra. Necesitábamos un hombre que como don Lázaro puso a Ávila Camacho, lo dejara a el de secretario de la defensa y a Múgica arriba para que no nos pisaran nada y nos quitaran nada, creo que esa fue la verdadera situación. Gracias.

Un ciudadano.- Lo importante de las interpretaciones sobre la decisión del General Lázaro Cárdenas para dejar a Manuel Ávila Camacho y no a alguien que convergía en pensamiento, en ideología como el General Múgica. La interpretación de usted y de doña Carmen se complementan, para el general Cárdenas debió ser una situación bastante difícil. Pero la forma tan novedosa como usted lo explica, creo que a crecentan nuestros conocimientos en la historia. Quiero hacer la precisión, tanto a la Maestra Guadalupe García Torres como el maestro Gregorio Sosenski hablaron de un primer reparto de tierras en 1913, que fue Lucio Blanco que en la hacienda de Las Becerras o de Las Borregas hizo el primer reparto de tierras, eso no es rigorosamente cierto. En los límites del Estado de Morelos con Puebla se hizo el primer reparto de tierras por Emiliano Zapata en 1911. Gracias.

Un ciudadano.- creo que lo importante de estas conferencias y estas platicas que nos hicieron favor de brindarnos, es tomar el mensaje que nos dan ciertos personajes de la historia ¿Por qué? Porque el general Múgica fue un ejemplo. Porque muchas veces el hecho de estar en el poder es sentir que somos superiores a todos. No, no por el contrario. Las personas que están en el poder deben defender al pueblo. Lo importante de esto es tomar los ejemplos y los valores que el señor nos demostró mediante toda su trayectoria y hasta el último momento en que lo pudo hacer. Gracias.

Una ponente.- No fueron comunistas ni él ni Cárdenas. Lo que pasa es que se le dio al Partido Comunista una presencia en el país entonces pareció que el régimen se volvía bolchevique; pero jamás violaron los estatutos de la Constitución, los artículos Constitucionales, esta es una democracia, en fin muy sui generis pero conservo la forma de una democracia representativa popular. El lenguaje que se usaba contribuyó, la categoría lucha de clases, los textos de la gente de izquierda eran muy afines con todo el vocabulario que se utilizaba en el mundo; digamos del centro a la izquierda en esa época, entonces parecían comunistas pero no lo eran en absoluto; eran gente demócrata muy preocupada por el conjunto de la sociedad y que querían darle respuesta a la gente no solo a la que había peleado en la Revolución, a la que estaba esperando justicia desde hace cuatrocientos años también. Esa era la vocación de ese periodo y de ese equipo de gente pero jamás fueron comunistas. Nunca leyeron los textos de los clásicos del comunismo, sabían de oídas superficialmente.

Dip. Juan Ignacio Suárez Huape.- Agradecemos a los presentes su participación y el compromiso del Congreso está presente.

Congreso del Estado de Morelos
3 de Septiembre de 1998.