Por: Mario Rojas
¡Que nos ampare Dios de un gobernante necio e inepto! y como nadie ha visto a Dios, en realidad México está desamparado. El impostor que en nuestro nombre se hace aplaudir en Europa y América del Norte -candil de la calle y oscuridad de la casa- nos ha conducido a una guerra estúpida, perdida de origen y sangrienta desde el principio.
Sí Felipe Calderón hubiera al menos aprendido algo de ajedrez político, antes de abrazar dogmas y fanatismos religiosos, otro gallo nos cantaría. Sí en lugar de aprenderse de memoria y en cantaleta, el Catecismo del padre Ripalda, hubiera estudiado un poco de historia, de filosofía, o al menos de lógica cartesiana, tal vez México gozaría de algo de paz, y no nos hubiera metido en camisa de once varas con el narcotráfico.
Fecal difícilmente podría entender algo de filosofía ometeoista, de dialéctica y lógica difusa, aplicadas al estudio y análisis del narcotráfico y las adicciones, pero creo que usted sí, amable lector. Me doy por fracasado con Calderón y la mayoría de la clase política mexicana, que no se ha distinguido por sus luces; para el casos eso no importa mucho, me interesa llegar a los ciudadanos honestos, a la gente consciente y abierta a discutir sobre esos temas en un plano razonable e inteligente.
¿Por qué la guerra contra el narcotráfico nació perdida?, ¿Por qué no tiene ninguna posibilidad de triunfo? Intentaré hacer una disertación resumida mediante una metodología dialéctica y de lógica difusa.
Algo sobre etiología, grosso modo, el narcotráfico en México (y en buena medida en el mundo) tiene tres condiciones o causas principales:
1.- Hechos. En todas las épocas y en todo el mundo, siempre ha habido, por diferentes razones (que para abreviar, no trataré aquí), personas y grupos humanos que ingieren o inhalan plantas enteógenas, psicotrópicas, sustancias y/o brebajes para entrar en estados alterados de conciencia. La clasificación en drogas buenas y malas, es una convención maniquea producto de la ideología judeocristiana, más que del estudio objetivo y científicamente ajeno a prejuicios etnocentristas; a la luz de la lógica difusa y la dialéctica, resulta arbitrario y falaz decir que el alcohol y el café, son buenos, y la marihuana, es mala, no hay razón en la legislación actual que las clasifica en legales, unas, e ilegales otras.
Primera cuestión: ¿Es posible impedir que la sociedad deje de consumir drogas?
Primera discusión. En la historia de la humanidad, por diversas razones, sociales y culturales, ha habido sociedades que consumen menos drogas que otras, algunas con más o menos control social, pero no ha habido ninguna totalmente exenta de su uso.
Primeras conclusiones. Es imposible que una sociedad esté ajena o deje de consumir drogas o sustancias que alteren el estado de conciencia. La sociedad puede aspirar únicamente a controlar, regular, y reducir el consumo de narcóticos o de drogas que causen daños a la salud de los individuos, que afecten la salud pública, o que perjudiquen de alguna manera a la sociedad en su conjunto. La necesidad de una legislación acorde a la realidad mexicana es imprescindible (regresaré sobre esto en otro momento).
2.- Hechos. El comercio ilícito de las drogas es una actividad altamente lucrativa. Los narcotraficantes mexicanos reciben un mega-financiamiento en dólares americanos, por parte de la mafia norteamericana que a su vez los recauda de los millones de consumidores de ese país. Además del crecimiento del propio consumo interno, los narcotraficantes mexicanos tienen una oferta de mano de obra ilegal y a bajo costo, enorme, me atrevo a calcular en más de un 40% de la población mexicana en edad productiva, que por su miseria, desempleo, o simplemente por interés económico, trabajan o podrían ser empleados potenciales de los cárteles de la droga, entre ellos millones de campesinos depauperados que cambian el cultivo de maíz, por el de marihuana; y los millones de “ninis” urbanos, jóvenes que el sistema ha orillado a “no estudiar ni trabajar” y que encuentran muy interesante entrarle al narcomenudeo entre otras múltiples actividades ilícitas, pero lucrativas.
Segunda cuestión: ¿Es posible impedir el financiamiento norteamericano a los narcotraficantes mexicanos?
Segunda discusión. Aun pensando que México lograra, lo que sería deseable, establecer una política eficiente para reducir el financiamiento interno, no se puede creer, los hechos así lo prueban, que el río de narcodólares dejara de fluir a México o que al menos pudiera bajar su cause, por el contrario, cualquier analista con dos dedos de frente, sabe que los consumidores en los Estados Unidos esta en permanente crecimiento, y que los silenciosos cárteles de ese país aumentan su poder económico y su capacidad de corrupción de las autoridades del país que ingenuamente se considera con más honestidad policial que otros.
Segundas conclusiones. Cuando más, México podría reducir el financiamiento del consumo interno y minar los recursos de los narcotraficantes nacionales, pero, no puede hacer nada respecto al financiamiento norteamericano, el más importante de todos, del narcotráfico en México. La crisis existencial del pueblo norteamericano, la falta de un sustento cultural y la carencia de controles sociales, permiten prever un crecimiento en el consumo de drogas. La única posibilidad para el mediano o largo plazo, es que los EUA legislen y legalicen las drogas, que permitan la producción de las mismas en su territorio, si eso ocurre, ciertamente caería, de manera importante, el financiamiento norteamericano hacia la mafia mexicana.
3.- Hechos. Tenemos una enorme diferencia respecto a la legislación sobre armas con los vecinos del norte. Mientras ellos, en su visión aceda de la libertad y la democracia, han establecido un sistema que permite al ciudadano comprar todo tipo de armas, ciertamente los fabricantes y comerciantes de armas son muy prósperos en lo interno, y no se diga en lo externo, en suma, mientras que para ellos el comercio y tráfico de armas es unos de los mejores negocios históricos del imperio, en México ocurre lo contrario. Los mexicanos hemos desarrollado una conciencia pacífica y humana muy superior, nuestra legislación ha impulsado una conciencia civil pacífica y desarmada, y dejado el uso de las armas únicamente para las policías y fuerzas armadas. Ciertamente se permiten algunas armas de bajo calibre como autodefensa del hogar, pero rigurosamente controladas.
En resumen, los narcotraficantes mexicanos pueden comprar en Estados Unidos todo tipo de armas para sus actividades criminales, en ese país las pueden adquirir con toda facilidad. Las aduanas norteamericanas son muy rigurosas contra los inmigrantes y los sospechosos de terrorismo extranjero que quieren entrar a ese país, pero les importa poco vigilar la salida de armas y el tráfico de terroristas “amigos”, es decir, protegidos por los Estados Unidos.
Tercera cuestión: ¿Estados Unidos dejará de ser el abastecedor de armas de los narcos mexicanos?
Tercera discusión. El imperialismo norteamericano y sus proverbiales abusos impositivos contra otras naciones, nos indican que primero pueden obligar a México a legislar como a ellos le conviene, pero jamás ellos legislarán atendiendo o siquiera pensando en las necesidades de los mexicanos. Es evidente que ellos pondrían el grito en el cielo si nosotros legislamos liberalizando las drogas; pero no aceptan de nosotros ninguna crítica o reclamo por su salvaje legislación sobre armas. Para los norteamericanos su concepto de soberanía se extiende más allá de sus fronteras, sin reconocer la de otros pueblos. En suma, resulta ingenuo pensar que ellos algún día podrían ser una nación pacífica y desarmada, y que dejaran de lucrar con la venta y tráfico mundial de armas, no dudo que haya sectores e intelectuales que desearían una sociedad norteamericana pacífica y gentil con todas las naciones del mundo, pero, por el momento no se ven, o no se escuchan en el universo militarista norteamericano.
Tercera conclusión. Estados unidos mantendrá su legislación sobre armas, seguirá haciendo negocios con la guerra y sangre de los pueblos, y por supuesto, continuará abasteciendo de armas de alto poder a los cárteles de la droga de México y el mundo, business ar business.
Discusión, conclusiones y propuestas de solución
Mientras exista una población de consumidores norteamericanos y mexicanos en crecimiento; el financiamiento sea suficientemente atractivo; y los norteamericanos abastezcan de armas a los capos mexicanos, es imposible ganar la guerra contra el narcotráfico. ¿Es difícil entender eso?, no, cualquier persona con inteligencia media puede entender la situación. Felipe Calderón no debió de habernos metido en ese callejón de violencia sin salida.
Tampoco debemos caer en el pesimismo y el derrotismo a que nos condujo Fecal, simplemente tenemos que realizar un estudio serio, honesto, e inteligente del problema, así las soluciones, aunque no fáciles, están a la vista. Cualquier propuesta de solución al problema del narcotráfico debe partir del reconocimiento de las siguientes realidades, y aplicando las propuestas respectivas:
1.- Las sociedades siempre han usado y consumido en mayor o menor medida sustancias enteógenas, psicotrópicos y/o narcóticos. Es imposible la existencia de una sociedad cien por ciento ajena a ellas. El concepto de drogas buenas y malas es obsoleto, solamente existen unas más dañinas que otras, incluso algunas pueden tener algún beneficio médico, económico, y/o social.
Soluciones. Haciendo uso de su soberanía, y con criterios exclusivos de Salud Pública, México debe legislar, regular, y legalizar en los posible, la producción, comercio, y consumo de las drogas.
2.- Mientras exista la enorme reserva de mano de obra barata representada por los campesinos pobres, y millones de jóvenes desempleados que no estudian ni trabajan (ninis), los cárteles tendrán siempre una ejército disponible a contratar; los líderes y miembros de la bases criminal que caigan en la cárcel o mueran en acción, podrán seguir siendo sustituidos fácil y rápidamente por los nuevos reclutas.
Soluciones. Por razones de política social de justicia y equidad, México debe impulsar programas de empleo, dejar de criminalizar a los luchadores sociales y sindicalistas (v. gr. respetar los derechos laborales del SME, CNTE, etc., urge meter a la cárcel a delincuentes como el loco de atar de Javier Lozano), mejorar el financiamiento de la educación básica, media y superior, para aumentar la planta estudiantil nacional; establecer el seguro social y atención médica universal; desarrollar programas deportivos, culturales y de diversión; entre otras medidas que reducirían el desempleo, la miseria del campo, y el número de “ninis”.
3.- El uso anticonstitucional del ejército en actividades que corresponden a las policías, es y ha sido un grave error. El gobierno panista ha querido matar moscas a martillazos, además de abrir puertas de entrada para la peligrosa corrupción de las fuerzas armadas con el narcotráfico. La mística del ejército esta muy alejada de las funciones policiales. El ejército debe seguir siendo una fuerza fundamentalmente establecida para la defensa del país ante la amenaza y agresiones externas. De ninguna manera se debe exponer al ejército frente a los ciudadanos, honestos o criminales, los civiles deben resolver sus problemas. Sacar el ejército de las calles y de su extraña mal función policial, no es recular, simplemente entrar en razón y actuar con inteligencia de manera diferente.
Soluciones. Regresar el ejército a sus cuarteles y restringir sus actividades al marco constitucional para el que fue creado. Declarar una amnistía para quienes han participado en el narcotráfico, que colaboren con la policía, y que no hayan incurrido directamente en torturas y asesinatos. Desarrollar una policía profesional, con menos personal, mejores sueldos, y con prioridades en la investigación científica del crimen, y el desarrollo de las actividades de inteligencia que impacten en la anulación del poder económico de los cárteles. El gobierno no debe malgastar y usar los recursos policiales en conflictos represivos contra los civiles, opositores políticos, movimientos sociales y sindicales, por el contrario, deben emplearse para los objetivos de ley, combatir el crimen y la delincuencia de manera inteligente y con pleno respeto a los derechos humanos de los ciudadanos. Urge una reforma del poder judicial, para pasar de su ineptitud y corrupción actual que deriva en un 90% de impunidad, para transformarlo en una verdadera institución constitucional responsable de la justicia pronta, justa, y expedita.
4.- Los mexicanos debemos reconocer que los norteamericanos seguirán enviando los dólares y las armas para el narco mexicano; esos son factores externos que escapan al control del gobierno y sociedad mexicana. Partiendo de esa realidad, además de las medidas mencionadas líneas atrás, el gobierno mexicano podría adoptar las siguientes medidas.
Soluciones. La policía mexicana debe disponer de los recursos jurídicos, humanos, materiales, para dirigir sus investigaciones, prioritariamente cibernéticas, hacia las vías y fuentes de financiamiento del narcotráfico, entre ellas las transferencias de narco-dólares, y afectar a las empresas y personas que hagan negocios con narcotraficantes, expropiar el patrimonio, cuentas, y demás bienes producto del mismo. Respecto de las armas, las aduanas mexicanas, especialmente las de la frontera norte, deben poner atención en la inspección e impedimento efectivo para la entrada de armas. México debe mantener su legislación civilizada de ciudadanos sin armas, al mismo tiempo, se debe aplicar una política de independencia y autosuficiencia de armas y materiales de guerra; los cuantiosos recursos que la nación destina a la compra de equipos y armas obsoletas a los Estados Unidos y otros países, deben destinarse al desarrollo de una industria nacional para el autoabasto, tanto de armas ligeras, de asalto, de blindados, helicópteros, aviones, y buques, acordes a un ejército pequeño, pero profesional y moderno, correspondiente a un país pacífico, amigable, pero organizado para la defensa de su territorio y soberanía nacional. La industria nacional deberá abastecer a la policía mexicana del armamento adecuado, moderno, y eficiente, para combatir el crimen organizado, en las tres instancias del poder constitucional: municipal, estatal, y federal. La modernidad de las instituciones policiales debe incluir indispensablemente la actualización de las telecomunicaciones, la informática, y la localización satelital, con el establecimiento de bancos de datos de criminales, de sus redes delincuenciales; y mediante el establecimiento organismos de coordinación policial, para el intercambio de información, y el apoyo mutuo, incluyendo unidades altamente especializadas para la acción rápida e inmediata.
Si se quiere, México puede hacer todo eso, y más. Ciertamente no se podrá mientras tengamos gobiernos de impostores e incompetentes, como el actual de Felipe Calderón.














