Ometeoísmo
Filosofía náhuatl aplicada al derecho y legislación constitucional
Primera de dos partes…
Dr. Mario Rojas Alba
He realizado un resumen adaptado a las ciencias del derecho y legislación constitucional de los textos sobre filosofía náhuatl del Tratado de Medicina Tradicional Mexicana [1] y del Ensayo para una Nueva Constitución Mexicana (en edición). Considero de interés para su discusión previa antes de entrar al debate sobre el proyecto ciudadano para una Nueva Constitución Mexicana. Me disculpo, si en el afán de resumir, no alcancé a ser lo suficientemente explícito, en ese sentido, quienes quisieran profundizar en el tema pueden consultar la bibliografía básica al final del artículo.
Necesidad de un nuevo enfoque filosófico
La Filosofía es el “conjunto de saberes que buscan establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”, por su parte, la filosofía moral es aquella que “trata de la bondad o malicia de las acciones humanas” [2]. Privilegiando los conceptos populares del derecho y de lo que es justo, conviene hacer algunas definiciones que permitan una mejor comprensión de la temática y su discusión. Lo jurídico -según la ideología dominante- es todo aquello que concierne al derecho o que se ajusta a él; por su parte, el derecho es el conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva [3]. Se puede considerar que lo justo, justicia, razón, legítimo, fundado, cierto, razonable, son sinónimos difusos [4] del derecho; mientras que los académicos reconocen el derecho como la ciencia que trata de los principios y preceptos.
La filosofía que orienta el derecho en México, como en todo Occidente, es terriblemente eurocentrista, maniquea y judeocristiana. Conviene recordar el mítico cisma que ocurre en el cielo judaico, la rebeldía impulsada por Lucifer, el poderoso arcángel que resulta expulsado del universo celestial pleno de luz y de bondad, para ser enviado al inframundo, la profundidad subterránea donde domina la oscuridad y la maldad. La separación tajante del bien y el mal, de la luz y la oscuridad, es un concepto pueril que aterroriza el psiquismo occidental y judeocristiano (e incluso el islámico), y determina en buena medida la orientación filosófica del positivismo científico, la lógica cartesiana, y por supuesto, la moral y el derecho en el pensamiento occidental.
Lo legítimo esta vinculado directamente con lo justo, la ley, la razón y la justicia, conceptos integrados en el conjunto de principios y normas (orales y/o escritos), expresivos de una idea de justicia y de orden, los que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva. La justicia es el principio deontológico que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Bajo la influencia la cultura occidental, la justicia comprende el conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene, en este sentido moralista judeocristiano, las personas se dividen de manera tajante en buenas y malas, la moral vinculada al puritanismo y maniqueísmo deriva en una dicotomía mecanicista entre el bien y el mal, propia del etnocentrismo cultural europeo. Las virtudes tienen una universalidad relativa al tiempo, espacio y cultura, y sus respectivas excepciones según un contexto específico; algo similar se puede decir del bien y el mal, ni las personas ni las ideas son totalmente buenas o malas, en todos los casos el bien y el mal, en sus proporciones y matices, se complementan y contradicen en una unidad indisoluble dentro de los individuos, en sus ideas y sus actos.
Para evitar que la deformidad maniquea de la ideología constitucionalista dominante, se requiere sustituir la moral puritana y judeocristiana, por otra disciplina laica y científica del deber ser, tal como se pretende con la Deontología, en ese mismo sentido de modernización y flexibilización del pensamiento, en lugar del mecanicismo cartesiano y la dicotomía maniquea, se prefiere la dialéctica y la lógica difusa en un contexto excluyente de cualquier prejuicio religioso. Existen otras definiciones de justicia, algunas se adaptan mejor al sentido de esta obra, y se refiere, sin calificativos de valor moralizante, a todo aquello que debe hacerse según derecho o razón. Estoy convencido que los pensadores indígenas prehispánicos disponían de una filosofía original, en buena medida excenta del maniqueísmo occidental.
Introducción al ometeoísmo
En el pasado la filosofía y la religión formaban una unidad indisoluble. Antes como hoy, las personas han profesado diferentes creencias y muchas veces los conceptos filosóficos han estado estrechamente mezclados con la ideología religiosa, por eso mismo, no se puede eludir el estudio de algunos aspectos de la fe que han orientado el derecho y la ideología constitucional. Advierto, en todo caso, que las opiniones benévolas o críticas que se exponen, no tienen la intención de ofender, ni de orientar de manera tendenciosa nuevos fanatismo, se exponen única y exclusivamente en un contexto de estudio y análisis académico, a veces con un sentido pedagógico a fin de explicar, de manera inteligible, las influencias de las ideas religiosas en el derecho constitucional. Adelanto también mis sentidas disculpas, si esas opiniones pudieran causar alguna ofensa.
Desde 1980 he denominado ometeoísmo a la filosofía dialéctica sustentada en Ometéotl, la suprema deidad de la dualidad entre los antiguos nahuas. En las siguientes líneas expongo de manera resumida una discusión sobre la filosofía y dialéctica occidental, y sus principales deficiencias, todo antes de entrar al contexto mismo de los principios filosóficos del ometeoísmo y su posible aplicación al estudio del derecho. No puedo dejar de advertir que el etnocentrismo de las escuelas filosóficas del mundo occidental las hace demasiado exigentes para aceptar la inclusión de una nueva doctrina filosófica, y más aún si se trata de una expresión proveniente de una cultura americana prehispánica. Aunque no lo digan, los académicos europeos y norteamericanos tienen la idea fija de que solo ellos piensan, que son ellos quienes mejor filosofan, y que cualquier otra propuesta debe siempre pasar por el filtro del referente grecolatino y judeocristiano. Tienen la abusiva tradición de descalificar cualquier corriente filosófica que no compare, comente, y establezca las equivalencias y diferencias con las escuelas occidentales.
Aunque se basa en la creencia de los antiguos mexicanos, y contenga referencias a la divinidad, el ometeoísmo no es una religión, sino una filosofía natural y racional. Todo cuanto existe, material o inmaterial, es el Ser Supremo, el Gran Espíritu, la Unidad Universal, Dios, Téotl, o su expresión dual u Ometéotl. A Él todo pertenece: el cielo y las estrellas; la tierra y los mares; materias, almas y espíritus; y por supuesto, el hombre, animales y plantas. El Ser Supremo, y todo lo que dimana de Él, está integrado de un cuerpo, alma y espíritu general [5]; dispone de una naturaleza dual madre-padre (o fuerza femenina-masculina); y se conforma de un número indeterminado de organismos y sistemas anímicos parciales, y de otros todavía más pequeños y divisibles al infinito (microcosmos).
Al revisar el currículo de materias de la mayoría de las instituciones para el estudio del derecho, filosofía y letras, se nota el menosprecio hacia las doctrinas filosóficas extrañas a la escuela grecolatina, lo que se acentúa mientras los programas sean más una calca de los norteamericanos y europeos. El pragmatismo anglosajón conlleva a un exacerbado gusto por el derecho consuetudinario, mientras que el romano y galo confía prioritariamente en la norma escrita o ordenada en códigos y leyes. El estudio del derecho, al menos en México, reclama de una visión más universal, lo que implicaría una revisión y actualización de las escuelas del pensamiento prehispánico, ciertamente, respecto del derecho, de manera muy similar al anglosajón, los indígenas se regían por principios sustentados en la costumbre y en la cultura de valores compartidos y conservados por la tradición oral.
El origen de la palabra “filosofía” se le atribuye a Pitágoras en el siglo VI a.C., etimológicamente se puede traducir como “amor a la sabiduría”. Una de las definiciones clásicas la considera como: la “ciencia de todas las cosas según sus últimas causas, conocidas con la luz natural de la razón” [6], sin embargo, dependiendo de las diferentes escuelas del pensamiento, se pueden encontrar muy diversas definiciones. Por cierto, la Filosofía no es una ciencia experimental, de serlo restringiría sus posibilidades para conocer las últimas causas de las cosas; no obstante, las ciencias experimentales le ofrecen a la filosofía los elementos racionales y lógicos para encontrar las últimas causas; la filosofía y la ciencia tienen una relación interdependiente y complementaria. Para algunos filósofos contemporáneos, la Filosofía representa una forma de investigación encaminada a explicar un género de realidad muy abstracta, que no puede ser sometida al control de la ciencia experimental [7].
Al estar buscando la escuela del pensamiento que mejor sustentara el proyecto ciudadano de Nueva Constitución Mexicana, encontré la escuela náhuatl [8], la que representa un buen ejemplo y resume la forma y sustancia del pensamiento de los pueblos de la América prehispánica. Así, desde los primeros años ochenta, he venido proponiendo el uso del neologismo “ometeoísmo”, en referencia a la doctrina filosófica sustentada en la concepción dialéctica y difusa de Ometéotl. La etimología náhuatl de la palabra, se compone de ome, dos, dual, y Téotl, Dios, suprema deidad de la dualidad.
Principios generales del ometeoísmo
Concepciones similares al ometeoísmo forman parte de la ideología de las primeras naciones americanas, al menos los nahuas, purhépechas, mayas, y mixtecos, entre otros, compartían ampliamente las doctrinas de la dualidad y movimiento universal. El ometeoísmo es monista por que sólo Téotl es único, absoluto universal, sin principio y fin, no tiene sexo ni forma específica, tampoco es posible comprenderle; es dual por que su única manifestación es siempre en la forma de Ometéotl, la divinidad suprema de la dualidad, hembra y macho a la vez; es dialéctica, ya que considera que en la naturaleza nada es puro, todo cuanto existe se compone de dos elementos opuestos, complementarios, y necesariamente unidos, siempre en permanente cambio (“ollin”), los opuestos se transforman uno en el otro, representando dos condiciones específicas de un mismo fenómeno; “incluye al tercero excluido” o al menos lo hace relativo, una cosa puede ser otra en cierto grado y al mismo tiempo, los componentes duales dentro de una cosa están en interacción permanente, de tal forma que en un momento dado una cosa puede transformarse en su contrario.
El alma (psiquismo) de los mexicanos actuales se conforma y rige por la ideología dialéctica y maniqueísta, que integra de manera dinámica y contradictoria con diversos matices e intensidades según el origen étnico-cultural, y el propio de cada individuo. La dialéctica es la tendencia que domina en el ometeoísmo, como ideología heredada de las antiguas concepciones del toltecayotl; el maniqueísmo proviene sobre todo de la ideología judeocristiana que se introduce y arraiga profundamente en la conciencia del pueblo mexicano a partir de la conquista. Aunque la religión cristiana se impuso e incluso fue adoptada con mayor fervor entre los indígenas, que entre los mestizos y los propios colonizadores hispánicos, fue en los sótanos de la inconciencia cultural reprimida de los primeros, donde sobrevivió el ometeoísmo. Ante la destrucción de las instituciones religiosas prehispánicas, incluyendo la desaparición de su casta sacerdotal, el ometeoísmo perduró sobre todo entre los nahuales, los “ticitl”, y en general, entre los curanderos indígenas tradicionales. El ometeoísmo dispone de una base dialéctica incluyente, integral, complementaria, un relativismo sorprendentemente moderno y plenamente compatible con la Lógica difusa, por todo eso, es la doctrina filosófica más adecuada para sustentar el proyecto ciudadano de Nueva Constitución Mexicana.
Principios ometeoistas
Las concepciones esenciales de la filosofía ometeoísta aceptan un orden jerárquico de cinco principios, de ellos comentaré únicamente sobre los cuatro primeros:
1).- Primer principio: Téotl
Téotl, Dios. Ilhuicatéotl [10], el Ser Universal, la unidad absoluta, sin rostro ni definición, representa lo infinito en todas direcciones, una entidad asexuada que está en todo lugar y en ninguna parte, todo lo rige y lo ignora a la vez, algo indefinible, incognoscible, e insondable. Como principio holótico, se piensa que el mundo es un todo, en donde sus componentes se interrelacionan y corresponden los unos de los otros, una fuerza y ley suprema que rige el movimiento de los astros, las estaciones del año, la vida vegetal, y animal. Téotl es algo invariable y eterno que sustenta lo estático, es mutable e inmutable, es materia, idea, vacío, en sus entrañas los cambios ocurren de manera rítmica, armónica e incesante, a la par que de manera caótica y desordenada.
Téotl, como Ser Supremo, se compone de un Soma universal, un Alma suprema y un Gran espíritu: El Soma corresponde a la parte material o física del Universo; el Alma correspondería a las directivas matemáticas y sus dos procesos, el generador y el destructor (caos); el Gran espíritu corresponde la fuerza del universo, la totalidad de energías existentes, incluyendo igualmente las negativas y positivas, la cinética, la potencial, y la degradación o destrucción caótica de la misma (entropía). Siendo el todo y la nada, el ser y no ser, el bien y el mal o ninguno, lo infinito y finito, Téotl no tiene una forma definida, tampoco dispone de alguna manera específica para expresarlo, sin embargo, en muchas culturas tradicionales se le ha representado mediante un círculo sin límites.
Aplicación al derecho. La ley no es ni buena ni mala, es eso, lo contrario, o los dos al mismo tiempo, todo depende del momento, del grado y la circunstancia. Todo lo que existe es parte de Teótl y repite sus cualidades, el Ser Humano mismo es su réplica en las dimensiones de su anatomía, funciones y fuerzas. El hombre es un pedazo del todo, un microcosmos, en donde se repiten las mismas leyes y principios del todo (macrocosmos), de ahí que todas las cosas se hermanan, comparten el mismo origen y naturaleza. Todos somos uno, una especie de Ley de la Analogía, lo que es en el mundo tangible e intangible de lo grande, se realiza también en lo pequeño, el todo se manifiesta en lo parcial.
2).- Segundo principio: Ometéotl
Ometéotl, suprema deidad de la dualidad. Manifestación universal de la dualidad en el mundo físico, objetivo y perceptible; representa lo infinito en el macro y microcosmos; entidad bisexuada que se encuentra en todo lugar y en todas partes; todo lo rige; relativamente definible y cognoscible. Integra el bien y el mal, lo falso y lo verdadero, la materia y el vacío. Es un principio dialéctico, relativo, con opuestos indispensablemente unidos y complementarios en diferentes grados y matices difusos. La enseñanza fundamental de Ometéotl se puede traducir de la manera siguiente: Todo en el universo es una unidad dialéctica y dinámica de contrarios inseparables y complementarios, en donde uno se transforma en su opuesto en un proceso de eterno movimiento.
Ometéotl sí dispone de numerosas formas de representación, una de las más sencillas y antiguas es la del círculo infinito, con la materia en el centro, la semilla en el centro de la nada.
En la imagen siguiente, sustraída del códice Magliabechi, con un texto al pie que dice “manta de agua de araña”, escrito por un tlacuilo que da muestras de ignorancia sobre el verdadero significado, tal vez por haber sido castellanizado en demasía.
La ilustración nos permite conocer la hermosa decoración de una manta prehispánica suficientemente elocuente de los conceptos de la dualidad en movimiento, un ollin que enlaza de manera dialéctica las fuerzas contrarias del día y la noche, luz y obscuridad, y las energías del frío y el calor, de la hembra y el macho, sin brizna maniquea, nos presenta un enlace poético de la dualidad. Es importante destacar como el marrón oscuro menor se encuentra en movimiento dentro de su contrario, el café muy claro que domina en la parte derecha-inferior; y viceversa, el café claro en minoría se encuentra en movimiento transformador dentro de la dominancia del marrón obscuro de la parte superior derecha del observador.
Aplicación al derecho. Todas las cosas, inertes o vivas, son la unidad de opuestos y complementarios, su ligadura es indisoluble, uno no existe sin el otro, en la vida hay muerte, en la salud enfermedad, en el frío calor, nada está separado. En lo psicológico y moral, las personas son buenas y malas al mismo tiempo, aunque en diversos matices. Los individuos y la sociedad que conforman no son única y completamente buenos o malos, sino combinación de ambos valores. No existen personas cien por ciento buenas o malas, eso permite ver a nuestros “héroes de bronce” de una manera más humana y dialéctica en toda su complejidad. El delito no es más que un comportamiento reprobable en un grado mayor que la media aceptable por la sociedad, la sanción debe estar acorde al grado del daño estimado según el cristerio discrecional y relativo de la misma sociedad. Toda norma debe contener la definición difusa del bien que tutela, del delito que sanciona, de los métodos y grados del castigo, y de las medidas preventivas. Toda ley tiene por objeto el equilibrio armónico de las relaciones sociales en dirección de la felicidad común, la sanción busca de manera prioritaria reintegrar al infractor a la media difusa del comportamiento legalmente aceptado, reconociendo los límites difusos de la irreversibilidad, es decir, de la incapacidad de la sociedad para lograr que un criminal pueda ser reintegrado en armonía y sin peligro para la sociedad.
3).- Tercer principio: Omecíhuatl-Ometecutli
La pareja Omecíhuatl-Ometecutli, es la manifestación de Ometéotl en dos fuerzas sexuadas integrantes de la dualidad universal. Omecíhuatl, Señora de la Dualidad, representa la fuerza femenina; y Ometecutli, Señor de la Dualidad, la masculina; las dos deidades creadoras, hombre y mujer, padre y madre de todas las cosas. Se les conoce también como Tonacatecuhtli el Señor de Nuestra Carne y Tonacacíhuatl, la Señora de Nuestra Carne, respectivamente; igualmente como In Tota, Nuestro Padre, e In Tonan, Nuestra Madre.
La iconografía mexicana que mejor expresa la relación dialéctica, más que dicotómica o maniquea, entre las fuerzas femeninas de la tierra y las masculinas del cielo, se representa por el águila devorando a la serpiente. De manera resumida, el águila representa al Sol, las fuerzas celestes y masculinas (Ometecutli), incluyendo la luz y el fuego; la serpiente por su parte es por excelencia la emisaria del inframundo, de las fuerzas terrestres y femeninas (Omecíhuatl), incluyendo la obscuridad y el agua fría y quieta. Cuando el águila devora a la serpiente, el espíritu de esta última no muere sino que se integra al del águila, formando una síntesis de ambas fuerzas (de ahí su sentido dialéctico) para conformar una nueva identidad, ya no águila, ni serpiente, sino una serpiente emplumada, una águila serpentina, es decir, un dragón o quetzalcóatl.

La imagen que se presenta fue recortada de una de las ilustraciones del capítulo V, en la obra de Fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España; en el Códice Aubin, se encuentra otra águila de perfil devorando una serpiente, mientras se sustenta sobre un nopal, la calidad artística del dibujo me parece muy pobre. El águilas y la serpiente se encuentran en algunos petrograbados, esculturas, y en las pinturas de numerosos códices, como en el Borgia, Ramírez, de Tlatelolco, Florentino, Boturini, y Borbónico, por decir algunos.
Cabe decir que el águila devorando una serpiente forma parte de la iconografía y simbología universal [11]. Las concepciones relativas a la dualidad y complementariedad entre las fuerzas del cielo y la tierra, y su identidad sexuada, existen en todas las culturas tradicionales del mundo: el círculo taoísta conformado con el yin y yang, uno conteniendo al otro, y su intertransformación recíproca, como su propio concepto del dragón, son dos bellos ejemplos de la misma concepción dialéctica del universo; en Egipto, el caduceo hermético, icono que después fue adoptado por los griegos como el símbolo asclepiano de la medicina, es otro magnífico símil dialéctico en donde se combinan la fuerzas del cielo (alas y plumas) y las de la tierra (las dos serpientes reptantes en el báculo de Asclepios).
De acuerdo con la cosmogonía náhuatl, Tonacacihuatl y Tonacateuctli engendraron todo cuanto existe en el universo. Las fuerzas y cosas que nacieron de ellos son igualmente duales y sexuadas, de tal forma que pueden clasificarse en dos polaridades, sean masculinas, o femeninas, de la siguiente manera:
Omecíhuatl, es la representación suprema de la madre, la mujer, lo femenino, la noche, de las aguas quietas (lagos), de la tierra y la luna, de la materia y la sustancia, dadora de vida y de la muerte. Los antiguos mexicanos poseían diversas representaciones de deidades maternales y femeninas: Coatlicue, Tonantzin, Teteo innan, Temazcaltoci, e Itzpapálot entre otras. La fuerza femenina rige también el cuadrado, la obscuridad, el invierno, la humedad, el frío, y lo pasivo.
Ometecutli, es la representación suprema del padre, el hombre, lo masculino, el día, el cielo, de las aguas en movimiento (ríos), del sol, la luz, el fuego, el calor, el círculo, el verano, de lo seco, y de lo activo.
El ometeoísmo dispone de las 6 directivas siguientes:
a) las fuerzas femenina y masculina nunca están separadas;
b) una fuerza actúa en oposición a la otra;
c) los elementos duales son invariablemente interdependientes y complementarios;
d) intertransformación, una fuerza se transforma en la otra de manera continua;
e) interconsumo, cuando una fuerza baja, pretende equilibrarse consumiendo a la otra; y
f) sostenimiento mutuo, cuando un factor se altera, su opuesto lo sostiene en equilibrio.
Aplicación en derecho. Los principios de la dualidad, con la interacción de sus fuerzas antagónicas y complementarias, permiten explicar la fisiología social (como si los individuos conformaran una entidad biológica integral), razonar la profilaxis y la terapéutica, además de predecir su interrelación con el medio. Aunque el individuo y sociedad no son completamente “buenos ni malos”, eso no impide someter a juicio y determinar el “bien y el mal” de una persona como del comportamiento histórico de un pueblo, al contrario, la lógica difusa permite el estudio minucioso y preciso del individuo como de la comunidad. El ometeoísmo es una herramienta útil para revisar la biografía de los héroes, no como personas incólumes, “divinidades” sin mancha ni error, sino como humanos de carne y hueso, y asi evaluar sus cualidades, sopesarlas dialécticamente con sus defectos y deficiencias, el mismo método se puede aplicar a los “villanos históricos” (no todo en ellos era “malo”), y también a la hora de abordar la cultura e ideología de una sociedad específica.
Continúa en la segunda parte…